La Catalunya del sur

El pasado fin de semana lo dediqué a visitar a mi familia residente en el Baix Ebre y, en esos días, realizamos una pequeña excursión a uno de los más emblemáticos paisajes del lugar (junto a los famosos arrozales de aspecto estacionalmente cambiante): el Far del Fangar i la platja de la Marquesa.
Siendo sincera, buena parte de la motivación de esta entrada parte del hecho que hice muchas más fotografías que me gustaban de las que parece ser adecuado colgar en Instagram en un solo día.
Por lo que lo que aquí me dispongo a mostrar es un corto, reportaje fotográfico. Corto y muy humilde, dada la limitación de mi equipo fotográfico y de mis conococimientos en la misma materia.
Como sea, espero que os guste.

 

Tras aparcar el coche, iniciamos la caminata hasta el faro siguiendo la orilla del mar. En un principio no se divisaba el faro, pues nos quedaban aún 10km para llegar a este. 10 km, por cierto, sin una sola zona de sombra, por lo que ir a finales de abril fue una buena elección, que, sin duda, compensaba el hecho que el agua estuviera todavía demasiado fría para un bañito.

Aunque no para todo el mundo, encontramos un único valiente que se atrevió a bañarse en las poco prufundas aguas de la platja de la Marquesa.

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Bueno, puede que más de uno.

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Y con un mar tranquilíssimo a la derecha y las famosas dunas que se forman en las playas de las comarcas de más al sur de Catalunya, empezamos a divisar el faro.

El camino de vuelta decidimos hacerlo más alejados del mar, por la parte de atrás de la zona de la playa que estaba delimitada para la protección de las aves de la zona (también muy definitorias de las tierras del Baix Ebre).

Y cabe decir, para cerrar este “reportaje” (con numerosas comillas), que algunas de las fotografias que puede tomar en el camino de regreso parecen sacadas del mismo desierto del Sahara. La arena de la platja de la Marquesa parece harina oscura, tiene una textura harinosa muy distinta a la de las otras playas catalanas en las que he estado. Lo que está claro, pero, es que es una arena, en ciertos lugares, mucho más húmeda que la del Sahara, haciendo honor a su nombre: el Fangar (por su traducción lodazal o barroso).

En estas zonas más fangosas los pies se hundían unos buenos tres centímetros en las masas de arena endurecida y, la verdad, esto, dota la ruta de un interés y un encanto especiales.

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